Breve reflexión sobre la crisis de la oligarquía y el populismo en Ecuador
Por Antonio Trujillo
La polisemia del concepto de populismo lo vuelve, en el sentido más general de la palabra, un concepto complicado de definir, su complejidad sin embargo, no descarta que mantenga características concretas que lo vinculan, al menos en América Latina, a un problema común: la crisis del Estado oligárquico y la integración de las masas al escenario político de las naciones.
Sobre
esta problemática, Ernesto Laclau (2006) menciona que, la articulación entre
democracia y liberalismo en América Latina, a diferencia de Europa, nunca se
logró plenamente, por lo que las oligarquías liberales, en el transcurso de las
últimas décadas del siglo XIX y las primeras tres del siglo XX, pero especialmente durante el anterior siglo,
fueron incapaces de absorber institucionalmente las demandas democráticas de
las masas, y por consiguiente, si el liberalismo se presentaba como el
horizonte que daba su unidad al campo oligárquico, los símbolos
democrático-populares, debían presentarse como formalmente anti-liberales
(Laclau: 118).
En
correlación con los argumentos de Laclau, es posible establecer un paralelismo
con los procesos históricos que definieron el escenario político del Ecuador de
principios del siglo XX, ya que durante
el período los gobiernos plutocráticos que gobernaron al país entre 1912 y 1925, y que eran de carácter plenamente
liberal y oligárquico, el país sufrió una grave crisis, tanto en el ámbito institucional
como en el económico, problemas que redefinieron en 1925 junto con la denominada “revolución juliana”
el sistema de gobierno, y catapultaron al escenario político nacional a dos facciones de la sociedad que criticaban al
liberalismo (especialmente
económico) y eran consideradas como
revolucionarias: los militares y los intelectuales socialistas. En adelante,
los militares “revolucionarios”, cumplieron un papel fundamental a la hora de
establecer una oposición a los períodos de gobierno de la oligarquía y
instaurar una verdadera democracia “popular”; Como ejemplo, fue especialmente
notable el accionar de la tropa y los grupos de izquierda durante la denominada
revolución “Gloriosa” de 1944, mediante la cual el líder populista más
representativo del Ecuador, José María Velasco Ibarra detentó el poder por
segunda vez junto con promesas de reforma democrática (mediante la creación de una
asamblea constituyente y una nueva constitución nacional) y una crítica directa
a la oligarquía del país, este
proceso, es considerado como una de las revoluciones que catapultaron a la
política de masas al escenario nacional.
Estos
acontecimientos históricos demuestran que el caso ecuatoriano encaja en la
reflexión de Laclau; así, las oligarquías no lograron contener las demandas
democráticas de las masas y por lo tanto fueron desplazadas del poder por
grupos de la sociedad críticos al sistema liberal tradicional, que llevaron al
poder a un líder carismático y con un discurso reformista, anti oligárquico y
considerado democrático.

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