La modernidad como puerta de entrada para una democratización política en el Ecuador a principios del siglo XX
Por Jairo Nicolalde
Los
procesos democráticos no surgen de una simple actitud del Estado frente a las
demandas de los actores sociales que conforman el conjunto de la sociedad
civil, en la mayoría de los casos se contraponen o enfrentan las demandas de
organizaciones de masas de una clase subalterna contra los privilegios de una
clase considerada “élite”, aunque tal concepto de elitismo puede ser
ampliamente debatido
Las movilizaciones de la naciente clase obrera que
terminó con la masacre donde fueron asesinados cientos de trabajadores en
Guayaquil en 1926, son muestra de tiempos de convulsión social, cuando las masas
despiertan y pretenden ejercer su derecho a exigir un trato más igualitario y
considerado por parte del Estado, mientras este contesta de forma represiva; procesos como este demuestran que, si la democracia consiste en que los actores
sociales dejen su estado de inercia y comiencen a organizarse desde un
empoderamiento cuya raíz puede ser la conciencia de clase, automáticamente llamada
élite, es decir, la oligarquía costeña
en este caso, recurre a estrategias antidemocráticas y aún más totalitarias
como el uso de la violencia, el asesinato en masa, la impunidad política, entre
otros elementos.
José Rubio Carracedo en su análisis sobre el paradigma
de la democracia, lo que nombra Democracia Mínima (1995), intenta clarificar cuales son los cambios
conceptuales e institucionales que propician que el significado de democracia
se desvíe en tomas del poder por grupos oligárquicos, elitistas o populistas:
“no se trata ya sólo de atender a la nueva situación de sociedades
organizativa y tecnológicamente complejas, sino también culturalmente
heterogéneas, en las que el concepto de pertenencia al grupo étnico o
comunitario amenaza cada vez más al de participación política estatal;
se ha producido, además, un notable cambio en las demandas de los ciudadanos:
calidad de vida, valores posmateriales, sensibilidad posmoderna o comunitaria,
tolerancia y pluralismo político, moral y religioso”. (Rubio 1995, 200)
En el caso ecuatoriano parece ser que el populismo fue
una vía por la cual tales desviaciones antidemocráticas tomaron rumbo. Con el
ascenso al poder de José María Velasco Ibarra en 1933, en un contexto de crisis
por la caída de las exportaciones de cacao, la clase terrateniente de la sierra
se colocó a la cabeza de una alianza inter-élites con la costa, lo cual dio
como resultado la consolidación de la dominación de la clase terrateniente
dentro del Estado; así las elites se unieron
para proteger sus intereses en común en un ambiente de profundas protestas
sociales. (Maiguashca, North, 91).
Esto puede ser leído como un síntoma, una
manifestación de que las demandas de los sectores populares se estaban haciendo
escuchar, tanto que habrían orillado a las clases gobernantes, profundamente
regionalistas, a superar sus diferencias y encontrar puntos de interés en común
que defender. Como consecuencia, el clima de conflicto social continuo habría
dado como resultado la aparición de una “conciencia de clase” donde los motivos
de disputas fueron los derechos laborales mínimos, acceso a la educación,
derecho a la propiedad, acceso a servicios públicos, derecho al voto de las
mujeres y comunidades históricamente excluidas de la participación pública.
Cabe mencionar que
las protestas populares ocurren cuando la economía sufre un profundo
declive, creemos que en este escenario,
los códigos sociales de las relaciones de poder pudieron haberse
quebrado gracias a un proceso de modernización
y una reestructuración económica y social profunda. En este sentido, la
modernización transformó especialmente las formas de intercambio económico; bajo
el paraguas de una economía liberal las relaciones de antiguo régimen fueron
fuertemente cuestionadas y a la par, el
paternalismo hacendatario no ofrecía garantías para sostener un sistema de
explotación global y transatlántico, por lo tanto, se pasó de un régimen autocrático y oligárquico a un
proceso de democratización en el Ecuador de mediados del siglo veinte.

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