La distensión del tiempo en el sujeto moderno


Ricoeur nos presenta la aporía del tiempo en base a la exégesis del Libro XI de las Confesiones San Agustín y de Aristóteles (Ricoeur 2004, 44). Describe tal paradoja en términos de “ser” o no, relacionada las formas de percibir los tiempos que coexistirían en el presente, la memoria se extiende en el pasado y la espera en el futuro, son tiempos mesurables mientras el presente no existe, es la ausencia de tiempo, en tanto que no se lo percibe como aquello medible.

El presente sería un momento de tensión donde se produce la acción o movimiento en el espacio, donde se condensan esas imágenes que tras atravesar esa acción del presente se elonga o expande como memorias en el pasado y las intenciones que contienen aquella espera del futuro venidero. (Ricoeur 2004, 46)

En tanto que ciertos eventos del pasado pueden ser recordados como lapsos temporales densos, en el sentido en que una gran cantidad de eventos estuvieron ocurriendo en aquel lapso, donde el papel de la narrativa frente a la metáfora y como el historiador decidiría, en tanto a la elección y uso de las palabras, para describir tales eventos y cercarlos bajo denominador común, una categoría, es decir el llamarlo Revolución o no, el enfoque con los que aborda están ligados a metodología con la que analiza las fuentes. (Ranciere 2017, 37-40)

Definir una revolución como un momento de delirio colectivo, realidad psicótica de terror (Ranciere 2017, 43) donde explotan una serie de acciones o eventos que acontecen uno tras otro o al mismo tiempo, con una suerte de violencia, que acelera ese traspaso de aquello que se espera a un accionar, es decir que “es”, y se convierte en memoria. Aquellos episodios ocurren en base a un sentido lógico común que da consistencia al tiempo, una conciencia colectiva que busca una serie de cambios y que no se dispone a esperar demasiado para que estos ocurran, en ese sentido están acelerando el transcurrir del tiempo.

El hecho de que el historiador elige las palabras, los significantes que permiten recuperar en el presente las memorias, es decir que el describir, el narrar, el metaforizar es una acción y por ende algo que ocurre en el presente, el enfoque estaría dado por la metodología, por aquello que explica esa elección de palabras para darle ese sentido lógico a la narrativa, pero además define si son representaciones de una conciencia colectiva o si por el contrario solo representa a un ser individual, una excepción. De ahí que desde una misma fuente se pueda desarrollar un análisis social y colectivo, o un análisis mas íntimo y personal. (Ranciere 2017, 66)

Si entendemos a la modernidad como el resultado de la llamada revolución industrial, y si el carácter revolucionario de la industrialización implica que la introducción de la maquina de vapor, el tren, cambió la percepción del tiempo, es decir que lo aceleró porque  redujo considerablemente distancias espaciales donde ocurrían ciertos hechos, literalmente se acortaron las horas para transportarse a través de largas distancias, es decir la posibilidad de ser en un espacio y luego en otro, la posibilidad de hacer varias cosas en menor tiempo, de producir y consumir más.

 Como resultado de tal industrialización y la reconfiguración misma de las ciudades modernas dando a lugar al Paris modernos que nos describe Benjamín en Los pasajes (Benjamín 2005, 69). Los horarios laborales en las novedosas fábricas, la formación de sociedades con base obrera, la formación de clases en tanto a su capacidad de consumo, el acceso a la comodidad, es decir al de tener todo aquello que te permita ser, que estaba al alcance de pocos y que germinó los anhelos de muchos de llegar a tal estado, que esa espera, ese futuro, en algún momento se haga un presente, los acciones que definieron el camino para acortar la espera de aquel momento de ser, de lograr la modernidad emancipadora, estaba dictado por el progreso.

La imposibilidad de vivir un presente ideal aparecería marcada por aquellos deseos de progreso que son tanto individuales como colectivos; individual en el sentido que obtener la capacidad de consumo ideal del sujeto moderno aparece como un signo de superación personal, no implica necesariamente un deseo común de superación conjunta con los compañeros de trabajo, vecinos e incluso familiares, al contrario, el sujeto para llegar a ser moderno debe superar sus condiciones de nacimiento.
Aquel deseo de progreso se ubica en el subconsciente colectivo, porque no se presenta de forma natural, sino que se desarrolla desde la infancia como un deseo impuesto en base a las diferencias de experiencia de vida de cada individuo que se auto reflejan. Pero además es inconsciente porque la presunción colectiva de que este deseo va a surgir en todo individuo se da por sentado antes de tener cualquier conciencia humana, en el vientre e incluso antes de ser concebido, en la mentalidad de la potencial madre o padre, es lo que define que tal aspiración sea moralmente correcta.

Los tiempos por lo tanto varían en torno a las posibilidades de accionar los pasos vitales necesarios para seguir existiendo, las primeras memorias se forman en la niñez, es de suponer que esta experiencia varía en distintas épocas y también lo hacen las expectativas de vida que se espera del infante para cuando crezca, es decir lo que el sujeto idealmente llegará a ser.
Una niñez socialmente aceptada transcurre en un proceso de formación educativa a varios niveles; familiar, vecinal, juegos con amigos de infancia y una formal en la escuela donde se experimentan esquemas socialmente definidos encaminados a roles que se deben cumplir en varias etapas de la vida, a formar la mentalidad del sujeto moderno, es decir como ordenar sus memorias y como intencionar sus deseos de progreso que definen la espera del futuro emancipado.

Parece ser que la plenitud del tiempo moderno solo se les ofrece a determinados individuos que son percibidos como los modelos de cada colectivo social. El éxito se manifiesta en medida de que tan bien adaptado y ubicado se encuentre cada ser en la sociedad, lo cual va ligado a su capital social y capacidad de consumo y la forma en que estos factores han influido en las experiencias de la infancia y de su crecimiento.

Pero esta idea de progreso constante encaminada a alcanzar el éxito del sujeto moderno se presenta en todo momento en el que los actos del presente deben tener una correspondencia con aquellos de la memoria que han conducido al estado o el ser actual y que además son o deben ser un engranaje más que se ajuste a los deseos proyectados en el futuro, es decir, de la memoria atravesada por el ideal de progreso. Por lo tanto, el sujeto que no alcance su ser moderno es porque ha fallado como ente educado para de procesar el tiempo, todo aquel que no se ajuste a tales parámetros es visto como un ser a destiempo.

Pero la paradoja del tiempo se hace evidente  porque este deseo de alcanzar ese estado de sujeto moderno, donde se le permita ya no aspirar, sino ser, eliminaría todo presente anterior a aquel momento, porque el “ser” en el presente significa hacer un paréntesis en aquella carrera del progreso y de superación constante, significa la anomalía, el “no ser”, no ser un elemento productivo, no ser parte del tiempo teleológico, aquel sujeto a destiempo que permite precisamente verificar la existencia de tal aparataje colectivo.
Entonces lo que nos mantiene en el sentido del “ser”, es decir, el privilegio de permanecer activos en la carrera del tiempo es aquel deseo de superar las condiciones anteriores, los padres trabajan para ofrecer a los hijos las posibilidades de reproducir exitosamente la experiencia de vida, de mejorar las circunstancias en las que ellos vivieron.

Volviendo a Ricoeur, cuando analiza la distensión en relación de los tres tiempos del presente (Ricoeur 2004, 58) cuando aquella expectación del futuro, que “es” en el presente y que a su vez contiene la intención, como una pulsión que provoca que se produzca la acción, es decir aquello que potencia  que la expectativa sea absorbida por el presente y que luego de transcurrido el acto  se convierta en una imagen del pasado, una memoria que solo podría ser extraído por palabras, a través de una narración de la misma, una narración densa repleta de intenciones como lo plantea Clifford Geertz. (Geertz 1992, 4)

Entonces el sujeto moderno, de algún modo sería el motor en marcha que mueve los engranajes del tiempo, aquel donde se encarna el aparataje de este y se archiva en su memoria, la esencia del alma como lo describirá San Agustín (Ricoeur 2004, 44) el cuerpo celeste que se mueve constantemente para Aristóteles, en donde los ritmos vienen guiados por la batuta del progreso y al compás de la orquesta de la modernidad.

En tal sentido, la relación entre relato, narración y metáfora, la cuestión del “ser”, la intención, el acto y la memoria le dan cierto sentido de humanidad al transcurrir del tiempo, pues todo acontecimiento, incluso si este es externo a las intenciones del sujeto como los desastres naturales, o las revoluciones como las que dieron origen a la modernidad en sí, cobran relevancia en el inconsciente colectivo en la medida en: ¿cómo tal acontecimiento afecta la psiquis de la gente?

 La densificación de eventos modifica el presente ya que obliga a cambiar las expectativas y por ende las intenciones, los actos y por ende la memoria, el trascurrir denso de los hechos acelera la velocidad del tiempo, lo condensa. La forma en que estas imágenes, que constituyen la memoria, son narradas a través de las palabras, como descripción que contiene el inconsciente ya sea colectivo o individual, define el método que constituye a su vez un enfoque, aquello que brindará cierto carácter a las memorias desde la perspectiva del historiador.


 Textos:
Benjamín, Walter. (1992). Charles Baudelaire. Un lírico en la época del alto capitalismo, en libro I, vol. 2, Akal.
Benjamín, Walter, El libro de los pasajes, Akal, 2005: 69-126
Geertz, Clifford. (1992). Descripción densa: La Interpretación de las culturas. Editorial Gedisa, Barcelona, España.
Ranciere, Jacques. (2017). Historia y relato: traducción y entrevista de Carlos Pérez López. Conjeturas, Viña del mar, Chile.
Ricoeur, Paul. (2004). Tiempo y narración: Configuración del tiempo en el relato histórico. Siglo XXI, quinta edición, Coyoacán, México.

Escrito por Jairo Nicolalde Navarrete



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