El hombre controlador del universo


Diego Rivera fue quizás uno de los pintores mexicanos mas influyentes a nivel global, sus obras encierran un tema político, el mural titulado “El hombre controlador del universo” contiene dos visiones de la vida que hemos arrastrado hasta la actualidad y cobra especial relevancia en estos días de cuarentena. A primera vista la composición parece compleja, pero ofrece una síntesis pictórica de la realidad política y cultural de la primera mitad del siglo XX, con el estilo único del autor.


El centro del fresco lo ocupa la figura de un hombre de expresión casi hierática cuya postura indica poder, encrucijado por dos elipses concéntricas que reflejan el universo macro y micro respectivamente, un haz refleja polvo estelar, estrellas y astros con un sol fulgurante entre ellos, en la otra se puede distinguir una variedad de microorganismos, bajo el hombre de lo que parece ser una boca de cañón surge una mano que posee la esfera del tiempo.


En la parte superior una maquina industrial que termina de partir el cuadro en dos que cumple a su vez una división política: el izquierdo y el derecho, dos formas de ver el mundo que se confrontan reflejando en un lado y otro las consideraciones temáticas típicas de la época. Desde la parte superior del lado derecho avanza un ejército de guerra fuertemente armado, incluso con máscaras que protección química, que a su vez ejercen dominio sobre los planos inferiores.


En un plano posterior, bajo el ejército en pie de guerra,  policías que reprimen lo que se ve como un grupo de obreros que dudan entre alzar la mirada o no, gentío que a medida que se acerca al primer plano inferior derecho se lo distingue cada vez más resignado y que finalmente termina con un profesor adiestrando a un grupo de niños para que observen el mundo a través de una lupa prismática que les permite ver las elipses del cosmos.


Una figura monumental de Zeus con un signo cristiano colgando del cuello y un rayo en su brazo sin mano, es una figura central del lado derecho, representa todo un hilo extra temporal de relatos unidos al azar del imaginario religioso de occidente y los relatos de mitos griegos como cuna de su civilización.  En el centro interior derecho se observa una clase alta que vive en actividades de ocio como juegos de mesa, suntuosos bailes, fumadores esnob, una cultura opulenta contenida en lo que parece ser una cápsula blindada por un diseño de acero industrial.


En contraposición izquierda de las tropas militares, grupos sociales organizados en mujeres y hombres obreros y campesinos en plan de lucha con entonaciones que sin sonidos evocan protestas. Bajo las masas sociales, en un cuarto plano la acumulación de luchas sociales, seguidas por un monumento antro político sin cabeza evocando a aquellas civilizaciones de oriente más antiguas que las occidentales, en un segundo plano un grupo de hombres que sostienen un manifiesto en tela roja con una connotación comunista, un grupo educado políticamente que observa a través de una lupa prismática el centro universal.


En el centro del lado izquierdo de la cápsula industrial se ve a Marx rodeado por hombres enardecidos inspirados por su centralidad. En la parte inferior central del cuadro la naturaleza representada en plantas de alimentos centrales, desde cereales como trigo y maíz hasta frutas tropicales cuyas raíces se funden en la tierra.

El cuadro demuestra claramente un momento de la historia global, el comunismo y el capitalismo enfrentados en distintos campos sociales y su relación con el mundo, la naturaleza y las formas de entender el cosmos. Una declaración del ser humano en tal encrucijada, un mundo bipolar que silenciaba otras posibilidades, quizás en la actualidad mas que nunca, un siglo después se ha roto tal visión dual del universo.


En tiempos de pandemia global tal posición de la humanidad parece repetirse, los peligros de caer en cosmovisiones bipolares del universo y de nuestro entorno inmediato reviven los dolorosos traumas colectivos que hemos heredado de esa historia que explica parte de nuestro presente, pero al mismo tiempo nos permite identificar tales errores para no volver a repetirlos y darnos cuenta de que el devenir sigue siendo contingente y que las posibilidades para que  ocurran los próximos eventos también esta en los imaginarios colectivos.


Romper con tal cadena de acontecimientos parece estar en nuestras manos, en nuestros actos y decisiones actuales. En medio de nuevas formas de control y dominación, formas perfectas de espionaje en manos de élites perversas, es importante pensarse uno mismo, ubicarse en el mapa político y social, nuestros actos cotidianos son células orgánicas que reproducen tales formas o las pueden modificar, repensar nuestros actos es nuestra declaración política mas efectiva. 

Escrito por Jairo Nicolalde Navarrete




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