A 120 se construye la Refinería del Pacífico

 

No nos engañemos, el sistema político ecuatoriano no funciona, ¿ha funcionado alguna vez?, es cuestionable, mi opinión es que  al menos durante los 42 años de democracia liberal no, no ha funcionado, o al menos no ha funcionado para el bien común. El problema es simple en su forma: pocos creen en la justicia social, muchos en la justicia individual, así nos enseñó  la televisión, el sueño americano, las billeteras llenas de dinero del modelo que posa en el cartel  de Diners Club frente a un concurrido parque de mí cuidad. El problema es que, además, sin justicia social la democracia, pilar de cualquier sistema político moderno, se tergiversa, transmuta en un homúnculo hijo de los intereses de los pocos maestros de la “viveza criolla” o los nacidos y protegidos por el derecho divino de su apellido. Vivimos entonces en una mentira desproporcionada que se presenta como perfecta, o al menos, como la solución a un mal mayor. La inequidad, la poca sensibilidad, el desinterés sin disimulo alguno, nuestra falla como sociedad es el mal mayor, este problema profundo es además la marca de agua de nuestra democracia, de nuestro sistema político del tercer mundo, del burdo subdesarrollo, que es  el hijo lelo de las élites ecuatorianas.




¿Te sigue indignando las propuestas de un candidato como Guillermo Lasso?, lo comprendo, a mí también, ¿crees que las propuestas de Andrés Arauz van a arreglar el problema?, siento decirte que tu fe ciega en un  caudillo deslumbrado por su propio reflejo te tiene ensimismado, y la bobería, cuando no se cuestiona, es difícil de quitar. Las demás figuras políticas son, como es de esperar aquí, en el viejo oeste criollo, donde no hay ley ni orden que se respete, presencias insípidas, nimiedades, malos chistes, dolores de cabeza ligeros que pasan con una buena noche de sueño, lo que sí queda punzando en la jeta, y se quedará hasta que abras los ojos quemados por las eclécticas muestras de ridiculez que presenta  la prensa,  es este sistema pútrido, esta burla de instituciones, este juego de payasos que por tu triste rutina se han vuelto relevantes, es así, tu atención les da sentido, existen por ti, por mí, por todos los que alguna vez, sumidos en la ignorancia, les hemos dado el chance de arrebatarnos el necesario interés que debemos tener por la política, la verdadera política, la verdadera democracia, radical, de la multitud, sin cabezas, líderes, ni jerarquías.




No creas así de fácil en sus discursos vacíos, el sistema político no funciona, ni funcionará si seguimos apostando por la rancia corriente del liberalismo del subdesarrollo. Está en nosotros prestar atención a los intereses del común antes que al de un grupo de personas que piensan que el Ecuador es su hacienda. Dejemos el ensimismamiento y comamos con gusto las empanadas hechas por nosotros, el pueblo.

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