Octubre más allá de la victoria y la derrota

 Por Antonio Trujillo Rivadeneira.


A un año de las protestas de octubre el panorama político se devela y surge una clara y dolorosa verdad: el neoliberalismo se ha reconfigurado en Ecuador, ha surgido de sus trincheras más fuerte, como si hubiera aprendido de las lecciones del pasado. A pesar de su desenlace las protestas de octubre del 2019 fueron un punto de quiebre para la comprensión de los cambios  en materia política  que el país ha experimentado desde el ciclo de levantamientos indígenas de la década de 1990, cuando organizados en la CONAIE  y junto con otras organizaciones sociales, los indígenas, afro-ecuatorianos y montubios rompieron el silencio e impusieron su voz frente al desdén del Estado ante la precaria situación del pueblo común, corriente y de a pie.

Octubre resalta en el panorama histórico por varias razones. Desde el punto de vista de los actores, las jugadas políticas y sus efectos son ya más claros, por lo que es importante mencionar lo nuevo. Primero, queda claro que las élites han aprendido de la historia reciente, supieron unificarse en el momento más caliente de la protesta  a pesar de sus claras diferencias, y a pesar de la escaza popularidad del presidente Moreno y su gobierno, apoyaron (antidemocráticamente) todas las medidas represivas que se suscitaron en la contienda atrincherando al gobierno en la ciudad de Guayaquil donde la oligarquía tradicional tiene influencia y control. Segundo, el gobierno logró concretar un sólido apoyo  del aparato represivo del Estado; los militares y especialmente la policía nacional reaccionaron de forma violenta sobre los manifestantes que siendo los más vulnerables resultaron vejados, heridos y asesinados impunemente ignorando el contenido  de los posteriores informes de la CIDH y de Amnistía Internacional. Tercero, a pesar de que el movimiento indígena logró reconfigurarse y aparecer nuevamente  en el escenario de contienda como una organización colectiva  fuerte, las reglas del juego cambiaron y hoy el Estado represivo se encuentra mejor consolidado y más seguro, por lo que las antiguas estrategias de movilización social también tienen que ser repensadas y ajustadas .



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El panorama social y político ecuatoriano muestra los síntomas de una neoliberalización del Estado mucho más profunda que en épocas pasadas, el sueño de Thatcher, Reagan y Pinochet se consolida arrojando al bienestar colectivo hacia el barranco de la desmemoria. El fin  común, antes el beneficio y la protección de la totalidad del ser humano se pierde bajo la imposición arbitraria del fin común de la acumulación y la desigualdad justificada por razones naturales. Los hábitos del corazón se corrompen en beneficio de la mano invisible del mercado que en América Latina ha producido graves heridas, sangre y saqueo descarado.



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La historia desde abajo, la de los seres humanos cotidianos y los movimientos sociales es clara en expresar que las conquistas populares cuestan mucho y están en constante peligro. Octubre debe ser pensando no como como victoria o derrota, sino como un caldo de cultivo histórico, desde ahí se repiensa, se reconstruye, se vuelve a luchar sin un horizonte claro. Es experiencia pura, material crudo para la memoria colectiva, chispa para que en un futuro donde la emergencia sanitaria no amenace a nuestras vidas podamos volver a hacer frente a la desidia  neoliberal de los grupos de poder que gobiernan rabiosos.

¡Si botamos a Bucaram, Mahuad y Gutiérrez, botaremos a muchos más!

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