La crisis en tiempos actuales… ¿o no?
Luis Napoleón
Dillon escribía hace casi cien años esta reflexión: “parécenos sólo que hemos
probado, con argumentos convincentes,
irrefutables y ad-hominem, que los intereses de los bancos han estado
siempre en contraposición clara, irreductible y terminante con la nación”
(Dillon, 1927). Sus reflexiones tenían el objetivo de aconsejar a la misión
presidida por Edwin Kemmerer para que previo a su labor, conozcan mejor el
contexto político y económico que experimentaba el país. Y es que la década de 1920 fue catapultada a
la catástrofe financiera por unos actores bien conocidos hoy en día: la banca
privada, que a pesar del pasar de las décadas ha mantenido su carácter
depredador y excluyente. El capital sobre el ser humano posiblemente fue su
lema desde tantos años atrás, y lamentablemente hoy en día solo los
historiadores y los interesados por el pasado intentan comprender los efectos
de por ejemplo, la ley moratoria de 1914 y como entre el descontento popular,
la inflación y la miseria los más beneficiados fueron personajes como Francisco
Urbina Jado, gerente del infame Banco
Comercial y Agrícola. Debería ser un
signo de alarma entonces que tras finalizar el año 2019 los bancos ganaran
utilidades récord ¿Déjà vu?, más bien un reflejo
bastante claro del espiral temporal que experimentamos, porque nuestra reticencia al cambio se debe a
que en parte, la escultura jerárquica colonial nos persigue como un fantasma
incansable, alimentado por generaciones de nuevos líderes de la "clase política" y también por el capital financiero.
En la actualidad las opiniones y sugerencias proliferan más
que nunca, y ante la incapacidad del capital para reproducirse por la pandemia
del covid-19 y el miedo mesiánico de muchos liberales convencidos del fin de la
historia (en este caso de la historia del capitalismo especulativo), se ha intentado incursionar en más de lo mismo,
en las mismas sugerencias vacías que resuenan cuando los gobiernos neoliberales
intentan hacer y deshacer a su gusto, sordos ante los susurros del pasado.
Dillon también decía: “ellos (los bancos) han explotado la crisis nacional en
toda forma y sin pararse en pelillos, como lo prueba el hecho de que en medio
de esta situación de dolor general, sólo ellos floten en abundancia” (Dillon,
1927). Estas palabras las escribía después de la revolución de julio de 1925,
cuando el progresismo logró retomar el Estado que languidecía en manos de la
plutocracia guayaquileña, en una época donde el dominio del capital financiero
todavía se cuestionaba desde los espacios de poder. Hoy en este mundo
globalizado, miremos hacia el pasado en busca de nuestros (nuevos) revolucionarios
julianos.
Escrito por Antonio Trujillo R.


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